Sí, absolutamente. Pero aclaremos qué significa eso.
Las barandillas de vidrio no están hechas del mismo vidrio que las ventanas o los vasos. El material utilizado es fundamentalmente diferente, diseñado específicamente para aplicaciones estructurales donde la seguridad es primordial.
La ingeniería detrás de la resistencia
En este sector predominan dos tipos de vidrio de seguridad. El vidrio templado se somete a un proceso de calentamiento y enfriamiento rápido que lo hace aproximadamente cinco veces más resistente que el vidrio común. Su funcionamiento es similar al de las ventanillas de los automóviles. La compresión superficial que se produce durante su fabricación le permite soportar impactos que romperían el vidrio ordinario al instante.
Luego está el vidrio laminado, que ofrece una resistencia aún mayor. Dos o más capas de vidrio se unen mediante láminas intermedias de plástico, generalmente PVB o SentryGlas. Esto forma una estructura compuesta donde la lámina intermedia mantiene todo unido incluso si el vidrio se agrieta. Para instalaciones en balcones, donde una caída sería desastrosa, esta es la mejor opción.
Rendimiento en el mundo real
Los sistemas de barandillas de vidrio de alta calidad se someten a rigurosas pruebas antes de salir al mercado. Están diseñados para soportar cargas específicas, generalmente 50 libras por pie lineal para aplicaciones residenciales y mayores para proyectos comerciales. Esto significa que una persona puede apoyarse en ellas, empujarlas o incluso golpearlas accidentalmente sin ningún problema.
El grosor del vidrio refleja estos requisitos. Los paneles residenciales suelen tener un grosor de entre 10 mm y 12 mm. Los sistemas sin marco, donde el vidrio soporta toda la carga estructural sin necesidad de marcos de soporte, suelen utilizar vidrio de entre 15 mm y 17,5 mm. Para ponerlo en perspectiva, el vidrio estándar para ventanas tiene un grosor de entre 3 mm y 5 mm.




